martes, 23 de junio de 2009

Días sin clase



Días sin clase: para pensar las rutas de regreso a la escuela

Benjamin Casadiego
Responsable pedagógico proyecto CISP-OIM en Norte de Santander


En la biblioteca del Centro de Convivencia ciudadana de Tibú me encontré con “Los niños terribles”, un libro de memorias de infancia que escribió Jean Cocteau en 1929. En él narra su vida escolar en París. La trama de la historia se abre desde el momento en que un muchacho, Dargelos, le tira una bola de nieve en la cabeza a su compañero Paul. Hay sangre en el rostro del niño y un hilo rojo se escurre hacia los adoquines. Un profesor al ver la escena corre de inmediato con el herido a la enfermería, mientras otro se va con el infractor a la Rectoría. El joven agresor dice que solo le tiró una bola de nieve, pero un niño que ha sido testigo hace una diferencia crucial: la bola de nieve llevaba una piedra adentro. Dargelos termina expulsado del colegio, no por la bola de nieve con la piedra sino porque, días después, le esparció pimienta en los ojos a un profesor. Cuando Paul, el agredido, se entera en medio de su convalecencia de que Dargelos ha sido expulsado de la escuela, siente que se ha ido el único motivo por el que le gustaba ir a clases.[i]

Uno suelta el libro y se pregunta abstraído: ¿qué anima a un niño a asistir a clases?

En una reunión con profesores en Tibú, estos contaban que muchos niños llegaba a clase buscando el amor que en casa no recibían de sus padres. Ese amor y otras cosas más buscan todos los niños en las escuelas: ellos sienten que van a participar de una experiencia educativa en un ambiente complejo, es decir vivo y rico, de lo contrario la escuela no funcionaría como tal sino como “jaula”, que es como se refieren en el libro de Cocteau a las aulas de clase. Lo curricular puede ser visto por los niños como la condición que deben saldar para acceder a ese otro espacio oculto de la camaradería, el intercambio social, la invención, los juegos, las complicidades, el ascenso o descenso en la vida pública. Allí está inscrito el aprendizaje, por eso no se puede desligar el aprender de los intereses claros de los niños, de la vida que están llevando y esperan llevar.

Sin embargo, para que un niño llegue a su escuela debe haber una ruta pensada como proyecto educativo al interior de una familia. Ese proyecto se construye a partir de necesidades de inclusión social y vida digna. Con esto claro, la familia hace que la ruta diaria no tenga pierde: el baño, el desayuno, el uniforme lavado y planchado, los zapatos, el maletín, los cuadernos, las tareas. Esa es la ruta que la familia como institución se encarga de validar día a día desde hace tal vez un siglo. La familia por lo general no discute o evalúa con los niños el placer o no de estar en el colegio: los niños tienen el deber de estudiar, comenzado porque no podrían dejarlos con nadie en casa.

En segundo lugar está el interés del niño por afianzar esa cohesión social que significa estar dentro del espacio escolar: allí están sus camaradas, sus tesoros, sus revanchas y dolores, la vida social organizada, una vida casi invisible para los adultos, pero que allí va paralela a la vida “normal” de los grandes: intrigas, decepciones, amores, solidaridad, trabajo en equipo, mezquindades, violencia, pobreza, poder.

Esa es la vida normal. Ahora bien: qué ocurre cuando en la casa ven más práctico que el niño se quede haciendo los oficios domésticos, o que se vaya a trabajar con el papá en la mina o a raspar coca. O cuando todo es tan complicado que enviar al niño al colegio no hace parte de una rutina pues la escuela se ve como un proyecto a muy largo plazo donde no se ve nada inmediato.

Entonces allí el juego puede terminar para una comunidad y un país: cuando un niño no va a clases comienzan a ascender los indicadores de desprotección y vulnerabilidad. Es decir ese proyecto a largo plazo que es la educación queda truncado, lo mismo que ese roce del conocimiento en un espacio que hace parte de sus construcciones sociales que continuarán hasta la vida de adulto. Algo se desconecta en una red creada desde los aprendizajes compartidos, una red que exige poseer las claves para estar en ella. Lo marginal se vuelve más marginal, lo pobre se vuelve más pobre, la exclusión se abre como una flor venenosa.

¿Los azares de la exclusión?

El físico y matemático francés de fines de siglo XIX, Henri Poincaré, nos habla sobre el azar de esta manera: para que el azar ocurra se necesitan pequeños cambios: por ejemplo, para que la aguja de una ruleta se detenga en un color rojo o verde se necesita un impulso inicial leve o menos leve para que llegue a un punto determinado, rojo o verde; para que un ladrillo al caer golpee o no la cabeza de algún transeúnte se necesitan centésimas de segundo: una más y el ladrillo llega a la cabeza, otra centésima menos el ladrillo cae al piso sin herir al transeúnte. Pero esas cantidades mínimas que rigen al azar pueden tener consecuencias enormes, algunas veces devastadoras. “Siempre que estos dos mundos, generalmente extraños entre sí –escribe Poincaré-, reaccionan de esta manera el uno sobre el otro, las leyes de esta reacción han de ser muy complejas; por otra parte habría bastado un pequeño cambio en las condiciones iniciales de estos dos mundos para que la reacción no se hubiera producido”[ii]

Traigo este ejemplo para pensar en ese momento cuando el niño no llega más a clase. Dos mundos, esta vez reconocidos entre sí, se desencuentran de manera desafortunada para que ese azar se de: la casa sin proyecto de educación y la escuela sin espacios de atracción efectivos. Es una decisión inadvertida dentro de la vida azarosa de un barrio en la periferia de la ciudad, pero las consecuencias son devastadoras a largo plazo: para el niño y la sociedad. Debe pasar mucho tiempo para que nos demos cuenta a dónde llegan las cosas cuando la ruta de la escuela se pierde. Para todos significa más pobreza, para un país significa inequidad.[iii]

Los riesgos de no tener ruta para la escuela

¿Qué hace que un niño decida coger la ruta de las armas o los negocios ilícitos? La pobreza, podemos decir de inmediato, pero la respuesta no es completa. Un niño puede irse a las armas porque ve allí grupos donde se siente respetado, donde hay calor de amigos, camaradería o simplemente porque la familia lo entrega para desentenderse económicamente de él: al fin de cuentas allí va a tener comida y techo.[iv]

Otro indicador es el espacio que habita[v], pensando en el espacio físico no solo como expresión de las desigualdades y discriminaciones sociales, sino también porque contribuye a formar el “habitus” que condiciona la proximidad y lejanía de personas en el plano subjetivo, en el ámbito de las creencias, pensamientos, disposiciones y percepciones.[vi]

Es en ese espacio donde los seres humanos aprendemos por segunda vez a hablar para entrar al mundo, donde se puede acceder, según Bernstein, a los códigos elaborados que no dependen de factores sicológicos sino del acceso a posiciones sociales especializadas dentro de la estructura social por medio de las cuales se hace posible un determinado modelo de habla que es la que al final viene a construir el modo de vida que llevamos o queremos llevar.

Si uno de esos indicadores es el espacio, debemos pensar qué estrategia debemos construir con la escuela y la comunidad para que un niño se sienta protegido en su lugar, respaldado en su decisiones, animado para poder desarrollar un entorno de libertad.

Las estrategias

¿Qué estrategias desarrollar para que pase lo que pase el niño vaya todos los día a la Escuela? La respuesta aquí la damos desde un enfoque de educación no formal que apoye a la escuela y las familias para que la ruta no se pierda.

Un enfoque de educación no formal significa una alianza con la escuela para que ocurra una red entre la casa, la escuela y el barrio. Las experiencias no formales pueden consolidar algunas actividades de formación y comunicación barrial:

Uso vital del tiempo libre.
Sentido de pertenencia con la escuela.
Escuela de padres.
Placer de aprender.
Talleres con profesores.
Reglas de juego claras.
Construcción de ciudadanía.

Un enfoque de educación no formal significa estar en una experiencia de aprendizaje sin estar en el aula, ser profesores sin serlo, por lo tanto no es repetir en tiempo extra escolar lo que se ha hecho en el tiempo escolar: pero comunica, enlaza y da luces de sentido al conocimiento de la escuela formal. Este enfoque le apuesta a algo que el niño y el ser humano busca instintivamente: el intercambio, el juego como construcción social, la otra mirada a lo que se ve en la escuela a través de expresiones artísticas, la literatura, la educación física. “La capacitación debe enfatizar en su capacidad para participar de forma constructiva e incitar un cambio positivo, es decir, sugerir mejoras en las actividades escolares o informar y prevenir abusos dentro del ambiente de aprendizaje. Las tareas que surgen durante las emergencias (por ejemplo, brindar actividades recreacionales a los niños y jóvenes) pueden ser usadas para involucrar a las personas jóvenes, especialmente aquellas que no asisten a la escuela, en actividades que son importantes para la comunidad. Esto les da alternativas positivas ante influencias negativas tales como el delito, grupos armados, etc.”[vii]

Un enfoque de educación no formal hace gestión con los padres y los profesores, intenta conversar con ellos, conecta ideas para trabajar con el barrio.

Cuando una familia no envía a un niño al colegio no está tomando una decisión privada, allí la decisión es pública enmarcada dentro de la los deberes y derechos entre el Estado y la familia. Si algo pueden hacer las experiencias de educación no formal es ayudar a la escuela y la familia a encontrar la ruta sobre un mapa construido entre todos los implicados. Este enfoque no enjuicia: busca solución a problemas, conectando a las instituciones del Estado, acercando a la casa con ese proyecto que es la educación para toda la vida.

Pero la intervención debe ser bien pensada para que sea coherente.

Según un documento de Medicina Legal aparecido a comienzos de junio, las muertes por la violencia organizada disminuyeron en el 2008, al tiempo que amentaron las muertes por violencia domestica. Es decir que los índices generales de violencia se mantuvieron, lo que nos deja ver que la violencia “intima” es un problema a escala social y que las intervenciones deberían tener esa mirada a gran escala. Así pues, cuando intervenimos una familia a partir del riesgo de abandono escolar debemos tener claro, o por lo menos sospechar, que hay una disposición a la violencia más allá de la casa. Que es histórica.

Saber esto no terminará con la deserción escolar de la misma manera como sale un conejo del sombrero del mago, pero nos hará más sensatos cuando hacemos intervenciones a partir de la observación de un grupo de niños escolares demarcando fronteras de manera ruda. En efecto, hay violencia y es posible que haya más violencia intrafamiliar de la que podemos imaginarnos, pero detengámonos un momento, pensemos antes de dar el veredicto final. Construyamos desde las familias y la escuela aportes a la comunidad desde una mirada asertiva [viii] y diversa. Con esto queremos ir más allá del blanco y negro, donde hay malos y buenos a rajatabla, para buscar una experiencia vital. Porque una experiencia vital es abarcadora desde nosotros mismos, como victimas, cómplices y victimarios, como los de afuera y los de adentro, femeninos y masculinos dentro de nuestra feminidad y masculinidad: Fausto y Mefistófeles al mismo tiempo. Pero nunca como el de bata blanca que viene a decir de qué se van a morir los otros.

El informe de Medicina Legal concluye: ayudan mucho los programas de educación no formal. Nosotros en las reuniones con padres de familia en La Gabarra y Tibú hemos podido medir de manera cualitativa cómo los niveles de agresividad de los niños han disminuido desde que ellos están en el programa. Somos conscientes que esas mediciones, aunque valiosas, no bastan. Para acercarnos a una certeza más adecuada a los intereses del proyecto, como de la escuela y las familias, el equipo de sicólogos y pedagogos ha diseñado una ficha de seguimiento escolar aplicada cada tres meses en donde; a través de 17 valoraciones, podemos tener una idea de los progresos o retrocesos de los participantes en un proceso de educación no formal enfocado a niños en alto riesgo de deserción escolar. Para el proyecto, las evaluaciones deben obtener tanto los datos cualitativos como los cuantitativos para desarrollar un cuadro integral. Los datos cualitativos proporcionan información contextual y nos ayudan a explicar los datos estadísticos obtenidos. Los datos cualitativos pueden obtenerse mediante entrevistas, observaciones y documentos escritos, mientras que los cuantitativos, por medio de encuestas y cuestionarios[ix].

De niños, el profesor era un ser todopoderoso, un dios que lo sabía todo y estaba más allá de nuestro pequeño espacio. Aún hoy, para un niño escolar, el profesor es un paradigma clave en su vida, pero no es el ser todopoderoso que creció en nuestra imaginación entre la reverencia y el miedo. En zonas de crisis, el maestro es igualmente víctima junto con los niños y las familias. Una reunión de líderes comunitarios y profesores del Catatumbo deja claro que el apoyo sicosocial lo necesitan tanto niños como profesores, toda la comunidad educativa. Allí la propuesta de educación no formal tiene unos tiempos, espacios, ritmos y temáticas diferentes. “Los métodos de enseñanza para las poblaciones infantiles y de adolescentes que han estado expuestos a traumas deben incluir una estructura predecible, períodos de aprendizaje más cortos para desarrollar la concentración, métodos disciplinarios positivos, participación de todos los estudiantes en actividades de aprendizaje y juegos cooperativos. Será necesario también considerar las necesidades psicosociales del personal educativo, ya que el mismo con frecuencia se extrae de la población afectada y enfrenta los mismos estresares o traumas que los educandos.” [x]

Cuando leí el libro de Cocteau pensé en lo que me motivaba para ir a la escuela y me respondí luego de habérmelo pensado con nostalgia: Los otros niños. Uno paga un día de clases por verse con los amigos.

Propongo un ejercicio entonces: el de preguntarnos íntimamente qué nos motivó a ir a clases cuando fuimos niños, preguntarles a los niños de ahora qué los motiva a asistir hoy día a clases. Y otra pregunta: qué los desmotiva tanto para no querer ir al colegio. Es posible que con las respuestas podamos construir una idea de escuela entre todos y todas. David, un niño de 10 años, me respondió: “vengo a la escuela para aprender y tener un mejor futuro”. David, ha visto escenas de la violencia colombiana que un adulto en condiciones normales es posible que no vea a lo largo de su vida. Que David hable tan bien de la escuela y tenga expectativas tan claras alrededor de ella, es una señal para tener en cuenta.

...


[i] Jean Cocteau (1889-1963), poeta, novelista, dramaturgo, diseñador, autor de libretos y director de cine francés. Estuvo asociado con el surrealismo y su obra ejerció gran influencia en la de otros muchos escritores.
[ii] Henri Poincaré, Sobre la Ciencia y el método. Biblioteca Universal Círculo de Lectores, Unesco, Barcelona, 1997.
[iii] Ejemplos de indicadores para una deficiente cohesión social en cualquier país: la pobreza, la discriminación, la exclusión, la desconfianza social, la falta de oportunidades, la ciudadanía postergada, al decir de Octavio Paz. A todas estas, los indicadores de educación nos ponen a pensar en todos los anteriores. Uno de ellos para este caso, según un documento de la CEPAL (Inclusión y Sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, 2007), se refiere a la proporción de personas que abandonan prematuramente la enseñanza y no continúan con ningún tipo de educación o formación. Por ejemplo, este indicador revela la eficiencia del sistema educativo de un país, así como la habilidad de una sociedad para luchar contra la pobreza y mejorar los niveles de cohesión social. Según los cálculos del ICBF, (La Opinión 20.06.09) invertir 1 dólar en alimentos por parte del Estado en la primera infancia (0 a 6 años), le permite ahorrar al gobierno hasta 12 dólares en la edad adulta. Es de suponer que esos 12 dólares tienen que ver con un intento de restaurar educación deficiente, problemas de salud e imposibilidad de inserción en la vida económica del país.
[iv] Un informe del PNUD, Noticias del Callejón trabaja estos indicadores de riesgo para que un niño o niña terminen involucrados en la guerra: vivir en zonas de violencia, idealizar lo armado, vivir en un entorno familiar disfuncional, el desplazamiento, la disputa por la riqueza en zonas mineras, petroleras por las millonarias regalías, o cuando se está en zona de cultivos ilícitos.
[v] Según la directora del ICBF la desnutrición afecta sobre todo a zonas rurales por la situación histórica del conflicto en el país. De acuerdo con sus cálculos, los grupos armados organizados en muchas ocasiones se oponen a que lleguen los alimentos, afectando sobre todo a indígenas y afrodescendientes. La Opinión, 20.06.09
[vi] Bourdieu, Pierre, “Efectos de lugar”, La miseria del mundo, Pierre Bourdieu y
otros, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
[vii] Normas mínimas para la educación en situaciones de emergencia, crisis crónica y reconstrucción temprana, INEE. Unesco, Londres, 2004.
[viii] Alonso Montaguth en su ensayo inédito, “Comportamiento y constitución del sujeto humano”, dice: por norma de comportamiento asertivo se entiende aquella que busca en toda acción que emprenda un estudiante cuando implique una falta, más que destacar la falta en sí, la promoción y el acompañamiento de los procesos de desarrollo del niño o niña de manera positiva, buscando en el refuerzo y en el razonamiento empático que se perciba la manera correcta de actuar, de tal manera que se viva la integración y el convivir siempre pensando y actuando en función del otro y de sí mismo.
[ix] INEE, documento citado
[x] INEE, documento citado



lunes, 20 de abril de 2009

El color del blanco




I

El color estaba allí, con un mensaje lejano desde el comienzo de los tiempos. Creíamos que el blanco había pintado el pasado, pero no. Estaban todos los colores, como el mundo. Pero si bien el mundo tenía colores desde siempre, no lo tenía la historia y la memoria. Para la memoria y para la historia, el mundo no tuvo colores sino desde el Renacimiento. Si buscamos una época de arrogancia allí la tenemos en todo su colorido.

Luego fueron apareciendo pistas y el misterio finalmente fue resuelto: Hacia finales de la década de 1860, el pintor anglo holandés Lawrence Alma-Tadena expuso un pequeño cuadro, Fidias y el Friso del Partenón, en el que se muestra al artista, no como el gran escultor de la antigüedad, sino como un pintor, dando los últimos retoques a la rica policromía del relieve, las intensas carnaciones del jinete situado sobre un fondo del más intenso azul.

Ese fue el punto donde el pasado en blanco y negro, como nuestros sueños, comenzó a verse en colores: Alma-Tadena reconstruyó el tiempo clásico, sus vivos cromatismos y se hizo famoso por sus cuidadosas reconstrucciones: esta temprana aparición de una paleta multicolor precisamente cuando se pensaba (otra vez desde el Renacimiento) que la deslumbrante pureza del mármol blanco era una de las más notables características del arte antiguo.

Y ese, al parecer, fue el detonante para repensar los sagrados colores de la antigüedad, comenzamos a imaginarnos todo coloreado: las paredes blancas de las viejas iglesias, los santos de yeso, los frontis de cal, los de cal y canto, los alto relieves y los bajo relieves.

Por supuesto, no hay aquí una unidad, pero vista a la distancia se ve un sentido disperso. Los artistas se empezaron a imaginar otros colores. Picasso pintó con otros tonos las Meninas de Velásquez, se refugió en el arte primitivo buscando más colores y en el Timeo de Plantón para encontrar las aristas de sus cubos en azul o en rosa, Beatriz Gonzáles en Colombia repintó los próceres y los presidentes, esculcó los baúles y las viejas maletas de cuero que se enmohecían en nuestros desvanes y Andy Wharol pintó los potes de sopas Campbells para indicarnos que hacía rato se habían cerrado la puerta del arte religioso y que en lugar de ello estaba otra religión: la del consumo.

Pues bien, si allí iban los audaces, los pintores del siglo XX, atrás venían los más tímidos, los que estaban a la vera del camino sin prestarle mucha atención a la explosión del arte pop y que se dedicaban con brochas y vinilos a retocar santos e imágenes sacras. Algo, una señal venida desde el inconsciente colectivo, ese que según Jung, contendría 'arquetipos', imágenes primitivas, primordiales, les dijo a esos pintores artesanos que todo objeto humano debía tener algún color, como lo cocido lleva color y especias, como los cosméticos ponen armonía a un rostro.

Las ideas y los cables se cruzaron desde entonces. Ahora vemos un busto de Bolívar con patillas largas y pensamos: eso parece pintado por Beatriz Gonzáles, luego vemos un Bolívar con largas patillas en el Museo Nacional y suspiramos: aquello parece pintado por los estudiantes de 11 grado de un colegio de la costa. Pero ese es otro cuento.

II

Madrugada. Es la dura subida al Santuario del Agua de la Virgen, uno de los sitios tradicionales de la fe católica en Ocaña. Allí, entre el frío, la niebla, el murmullo del amanecer, los pájaros y el canto de los gallos están cada uno de los misterios en antiguo yeso blanco que de trecho en trecho nos llevan hasta el santuario. Los fieles se detienen y rezan brevemente ante el misterio, tocan el yeso y siguen; los caminantes y deportistas pasan de largo sin detenerse hasta coronar la cima. ¿Quién mira? ¿Quién es mirado?

Pienso en eso. A veces me detengo a mirar esos yesos delicadamente pintados con ingenuidad artística, me acerco a ellos casi con lupa, los fotografío y me sonrío (a veces suelto la carcajada, estaré loco, dirá cualquier desprevenido caminante). Me encanta ver los amarillos, azules, verdes y marrones de la Anunciación, la expresión contenida de la Virgen, casi orgullosa, ante la llegada del Arcángel, como diciendo, ¿y a este qué bicho le picó? Sigo el camino, un poco más arriba está el rostro aburrido de San José en el Nacimiento y el niño, un matachito por ahí como colocado en medio de ambos. Hay algunos que parecieran estar posando a una cámara, o mirándonos a nosotros, como el Centurión romano que le está colocando la corona de espinas a Jesús pero que nos mira con los ojos muy abiertos y una rara sonrisa, como si todo eso fuera un juego; está ese otro misterio llamado La cruz a Cuestas donde Jesús y su verdugo parecen estar ambos tan aburridos y molestos (no hay cansancio en la expresión, si podemos llamar a eso expresión) llevando la cruz: el verdugo, que no está cargando nada, parece más demacrado que Jesús. Más adelante en el ascenso, los dos ángeles de cabello amarillo y ojos azules que coronan el misterio llamado Visitación parecen recién acabados de pintar por un niño que se encontró con unos colores en el piso; la austera expresión de las dos mujeres en el cuadro, los labios cerrados, las largas pestañas, hermoso. Antes de emprender lo más empinado de la ruta se nos aparece de nuevo el niño Jesús, ya más grandecito. Está como una mancha amarilla en el misterio llamado La Presentación, una mancha que señala apenas el rubio de su cabello, una mancha jalada hacia arriba, como un joven punk o un niño recién levantado de la cama, lo mismo ocurre con el misterio llamado El Hallazgo, que está ya en la mitad de la cuesta más dura del Santuario: allí el niño ya mayor es un ráfaga de amarillo que se extiende más allá del yeso. En resumen, al niño le fue muy mal en estos misterios por lo pequeñito, por ser apenas un montículo en el yeso. Porque todo se pensó inicialmente para que fuera forma sin color.

Yo alcanzo a llegar hasta lo plano, hasta la casa donde siempre estaba sentado un anciano y corpulento ciego que miraba las transparencias del aire en la montaña; al lado de esa casa está la Crucifixión, un yeso que no representó grandes problemas formales para el anónimo pintor, solo que algunos fieles cuelgan flores sobre la cabeza, que con el tiempo se escurren, dando la sensación de una melena. El resto queda para nuestra imaginación y silencio.

A ese grupo de misterios y otros que he venido encontrando en otros espacios cultuales le he llamado Arte Sagrado Naif. Es la expresión y la historia del color donde antes había blanco sobre blanco, profundidad de blanco en el yeso sagrado.

III

“De modo que ‘nosotros’ (que ya hemos ‘atravesado la fantasía’) vemos que no hay nada allí donde la conciencia pensó que veía algo, pero nuestro conocimiento está ya medido por esta “visión” en la medida en que apunta al espacio vacío que hace que la ilusión sea posible.

Tras el velo de los fenómenos se oculta otra esencia trascendente.

En otras palabras, no hay nada tras la cortina, salvo el sujeto que ya la ha traspasado.

Y se ve que detrás del llamado telón, que debe cubrir el interior, no hay nada que ver, a menos que penetremos nosotros mismos tras él, tanto para ver como para que haya detrás algo que pueda ser visto.

En otras palabras, en el nivel de la sustancia la apariencia es simplemente engañosa, nos ofrece una falsa imagen de la esencia; en tanto que en el nivel del sujeto, la apariencia engaña precisamente por la pretensión de engañar – por fin ya hay algo que ocultar."

Ladoslav Sizec, El sublime objeto de la ideología.

IV

Entrada de la catedral en Salazar de las Palmas. En el marco de la plaza principal de 89 palmeras hay dos iglesias. En la mitad hay un indio que mandaron a fabricar en Nueva York, por los resultados parece que allá sacaron de un deposito algo que consideraron era lo que en ese lejano pueblo de Sudamérica habían encargado: un apache, entendiendo que los indios de todo el mundo eran iguales, es decir apaches, con pantalones largos con tirillas en las bocamangas, hachuelas, elegante carcaj con flechas, y penacho de plumas. Caminamos por el medio de la plaza, entre palmeras, cruzamos la calle, ascendemos las gradas y nos encontramos con el arco de entrada a la iglesia: allí nos reciben yesos en tamaño mediano de los doce apóstoles. Mirados de cerca parecen un grupo de reflexivos viejos, tal vez un poco aburridos: Jesucristo que se sonríe a media cara como saliendo de un trago amargo. Luego sigue: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe de rostro chupado que nos mira con ojos perdidos, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago el Menor, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote a quien se le olvidó todo. El final de una larga cena que parece haber durado siglos y siglos. Los colores contándonos otra historia, haciéndonos guiños desde sus veladuras.

IV

“En algún lugar del tiempo, más allá del tiempo, el mundo era gris. Gracias a los indios Ishir, que robaron los colores a los dioses, ahora el mundo resplandece; y los colores del mundo arden en los ojos que los miran.

Tigo Escobar acompañó a un equipo de la Televisión Española que vino al Chaco para filmar escenas de la vida cotidiana de los Ishir. Una niña indígena perseguía al director del equipo, silenciosa sombra pegada a su cuerpo, y lo miraba fijo en la cara, de muy cerca, como queriendo meterse en sus raros ojos azules.

El director recurrió a los buenos oficios de Ticio que conocía a la niña, y la muy curiosa le contestó:

- Yo quiero saber de qué color mira usted las cosas.
- Del mismo color que tú.
- ¿Y cómo sabe usted de qué color veo yo las cosas?”

Eduardo Geleano, Las Preguntas.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Esponjado de piña


Ingredientes:

Una piña
4 cajas de gelatina de piña
1 pote de leche condensada.

Se pica en cuadritos y se pone a cocinar con ¼ onzas de azúcar. Cuando ya hierva se cuela y con esa agua de piña de hace la gelatina de piña.

Luego se coloca en la nevera y cuando ya cuaje se licua con leche condensada de la grande.

En una refractaria se coloca una porción de piña y otra de gelatina licuada y así sucesivamente.

Luego se coloca en la nevera y listo, buen provecho.

La receta ha sido transcrita tal y como la dejó Elizabeth de la Rosa en mi libreta de apuntes. Este esponjado es famoso en las fiestas de cumpleaños desde hace unos treinta años; no es el clásico dulce de las primeras comuniones y los cumpleaños de mitad de siglo XX consistente en arequipe (leche de vaca con azúcar a fuego lento hasta que espese) con galletas Nacional de esas que venían en una caja de lata ya salidas del mercado (aunque hace unos meses vi varias de esas en el armario de una tienda en Salazar de las Palmas). Desde que Elizabeth dejó esa receta en mi cuaderno, el esponjado hace parte de las fiestas.

martes, 24 de marzo de 2009

Una torta natural


Pudin de zanahorias

3 tazas de harina
2 cucharadas de bicarbonato
4 huevos
2 cucharadas de canela
1 cucharadita de sal
2 tazas de zanahoria rayada (pueden ser tres)
1 taza de pasas
2 cucharaditas de polvo de hornear
1 ½ taza de azúcar (yo uso banano y con ello disminuyo la cantidad de azúcar)
1 ¼ tazas de aceite.

Se revuelve la harina con el bicarbonato, el polvo de hornear y la sal. Aparte de se ponen el aceite y el azúcar mezclándolos bien después de cada adición. Se agregan los huevos uno a uno, las pasas y de último la harina, alternando con la zanahoria y el banano. Se vierte en un molde engrasado a 350º F. Por una hora aproximadamente. (Simplemente yo calculo calentar por 15 minutos a temperatura máxima y luego cuando ya meto la torta le bajo el calor, esto equivale en términos reales a casi dos horas).

Nota: De las calidades de esta recta puede dar fe el profesor Benavides, que ha llegado a degustar, poco a poco, hasta una torta entera.

viernes, 20 de marzo de 2009

Licores caseros: Sabajón



Ingredientes:

1 litro de ron Viejo de Caldas
2 litros de leche de vaca (NO puede ser leche de bolsa; el tamaño de los litros es el de la coca cola 2 litros y medio)
2 tarros grandes de leche condensada
2 tarros de crema de leche (del mismo tamaño de la leche condensada)
2 flanes de leche (para licuar)
10 huevos
1 copa de vino (opcional)
1 copa de aguardiente
Pasas
Canela en polvo.

Preparación:

Se pone a hervir la leche. Se preparan aparte los flanes de leche. Luego se pone a licuar: la leche, los flanes ya listos, los 10 huevos, la leche condensada, la crema de leche, los licores. Se espolvorea canela y se agregan las pasas. Se deja enfriar.

Si se quiere mas fuerte se le reduce la cantidad de leche de vaca: puede dejarse solo un litro de leche.

(Esta receta ha sido publicada a petición de mi sobrina Karina Avendaño que entre navidad y año nuevo se degustó un balde completo de este tradicional licor)

martes, 17 de marzo de 2009

Atrapados en el tiempo



A María Lisant: su belleza y espíritu neolítico.


“Si uno pudiera deshacerse en el tiempo”, William Faulkner: Mientras agonizo.

¡Todo el mundo sabe que en nuestro país lo más fácil es hacerse rico! La existencia de tanta pobreza a pesar de aquello se debía a que, a lo largo de sus vidas, a nuestros compatriotas no se les enseñaba a ser ricos, sino a ser pobres. Orham Pamuk: El Libro negro.


1

A los 26 años Lévi-Strauss dictaba clases en la Universidad de São Paulo al tiempo que realizaba trabajo de campo en la Amazonia y Mato Grosso do Sul con aisladas comunidades indígenas. Durante esos intensos años de exploración, trabajo académico y búsqueda interior (1934- 37) el joven antropólogo llega a la conclusión de que su búsqueda antropológica se ajustaba a la perfección en su inteligencia neolítica. Había entendido que había algo en él, en su pensamiento, que asumía sin contradicciones las investigaciones que estaba llevando a cabo en las selvas de Brasil y Paraguay. Ese momento crucial en su viaje de iniciación a Sudamérica lo relató en Tristes Trópicos, un fascinante documento entre la ciencia y la literatura: “Hoy a veces me pregunto si no me sentí atraído por la antropología, aunque inconscientemente, a causa de una afinidad estructural entre las civilizaciones que son su objeto de estudio y mis propios procesos mentales. Mi inteligencia es neolítica.”

La anécdota que he contado apunta a esto: Imaginemos que hemos decidido hacer un viaje hacia el conflicto colombiano. ¿En qué nos puede ayudar para el viaje esa certeza íntima de Lévi-Strauss? Mi idea es así: para uno entender esta violencia en primer lugar hay que ser del país y en segundo poseer esta “inteligencia” nuestra que fue el caldo de cultivo de este conflicto.

¿Podemos sabernos neo-colombianos de la misma manera que Lévi-Strauss se supo neolítico?

La edad neolítica fue un intermedio entre la agricultura y el asentamiento de las ciudades: fue entonces pos-agrícola y pre-urbana, un momento ideal de la historia humana. Floreció la agricultura, la cría de ganado, la alfaharería, los telares; los alimentos comenzaron a ser conservados y procesados y estábamos lejos aun de la civilización mecánica.[1]

Alejados irremediablemente de ese momento romántico de la historia del hombre, nos encontramos con nosotros mismos: colombianos en la primera década del siglo XXI, atrapados en el tiempo: la guerra ha mutado, nos ha engañado haciéndonos creer que es la misma y nosotros hemos caído en su trampa: confundimos la guerra de ahora con la de hace 50 y la de hace 50 con la de los Mil días.

Tenemos motivos para confundirnos: ante esa ausencia de tregua y de soluciones claras nos queda el sabor de estar en las mismas desde los tiempos de los tiempos. Hay una trampa que no ha sido resuelta. La guerra así parece infinita. Hay una expresión para designar las pinturas que engañan al ojo: Trompe l'oeil, literalmente trampa al ojo.[2] ¿Es una trampa al ojo esta guerra? O ¿Somos una trampa?

La película Matrix de Larry y Andy Wachowski, nos muestra ese mundo en el que estamos atrapados: un no-lugar entre la máquina y el hombre. Para nuestro caso: un mundo entre el la necesidad de guerra y el deseo de paz. La verdad es que ni lo uno ni lo otro sino ambas personalidades: tenemos necesidades encontradas. Tampoco somos los mismos de hace décadas.

2

Si esta guerra no ha sido siempre la misma y nosotros tampoco somos los mismos, pensemos entonces dos ideas sobre la discontinuidad del tiempo.

Uno. Ante una realidad, a simple vista inmutable, nos puede interesar o indisponer saber entonces que no somos una continuidad en el tiempo y que, en palabras de Slavoj Zizek, vivimos en un interespacio y en un tiempo prestado.

¿Qué es todo eso de interespacio y tiempo prestado? Simplemente que tanto los problemas como las soluciones son temporales, toda solución es provisional o temporal: no podemos ser radicales en las soluciones porque los problemas tampoco lo son.

Lo han demostrado en la India y en Malasia por citar dos grandes regiones donde las oportunidades han mejorado para muchos, donde la clase media ha crecido de un 10% a un 50% en menos de cinco décadas. Claro, en Colombia tenemos una desventaja: llevamos mucho tiempo en guerras y eso nos ha atrasado considerablemente en ciencia, tecnologías, educación, investigación y comunicaciones. [3]

Dos. Foucault en sus estudios sobre el lenguaje del siglo XVI descubre que el hombre es una invención reciente, una figura que apenas tiene 200 años, o sea desde la época de nuestra independencia. Es decir el hombre como tal, esto que somos ahora viene de la modernidad que nace a comienzos del siglo XIX. Para él era reconfortante saber que ese hombre, del cual muchos consideraban que venía construyéndose desde Sócrates, es solo un desgarrón en el orden de las cosas, un pliegue que desaparecerá cuando el saber encuentre una forma nueva dentro de su constante fluir.

¿A qué nos lleva todo esto?

Uno. A que los tiempos y los seres humanos no somos estáticos, tampoco las culturas. Toda esta identidad que nos ha marcado a lo largo del tiempo moderno puede desaparecer tal y como llegó.

Dos. El tiempo se vive como un libro. Un libro puede significar algo en la juventud y otra en la madurez, pero uno no puede decir cuando lee por primera vez un libro: si lo hubiera leído de joven, ¡el provecho que le hubiera sacado! Al leerlo ahora ese libro está modificando de inmediato el pasado, el presente y el futuro de nuestra vida.

La posibilidad de un nuevo colombiano podría generar nuevos retos. Yo ubico dos escenarios por ahora:

Primer escenario: es posible que tendríamos que asistir a terapias grupales con sicólogos de alto nivel que nos ayuden a asumir y aceptar el trauma de un país SIN guerra.

Segundo escenario: Simplemente asumimos el síntoma con responsabilidad y enfrentamos la enfermedad sin eufemismos a ver si trascendemos ese momento en el que quedamos, como el protagonista de Matrix, atrapados en esa estación de metro donde no vale andar pa lante porque siempre se regresa al mismo punto por detrás.

La guerra tiene final, pero estamos confundidos… ¿O tal vez amañados?


2009 © Benjamín Casadiego

[1] Lo que se pregunta Clifford Geertz es si Lévi-Strauss no se encerró durante su “primer viaje” en una civilización ideal escondida en la inaccesible selva para desde allí intentar encontrar con su pensamiento neolítico el mundo ideal. Lo cierto, dice Geertz, es que esa fe primitiva con todos sus valores carece ahora de importancia y credibilidad.
[2] Orhan Pamuk en El Libro Negro cuenta de un concurso en Estambul para decorar un salón de esparcimiento: aquellos pintores que aceptaran el reto debían hacer un mural perfecto en su realismo. Los dos mejores pintores de la ciudad se le midieron al reto y a cada uno se les dio una pared, frente a frente, tapada con una gran cortina de tal manera que ninguno sabía lo que estaba haciendo el otro. El de la izquierda pintó un paisaje tan real que uno podía pasear en él, por su parte, el de la derecha colocó un descomunal espejo. Ganó por supuesto el del espejo, pues desde el espejo se veía con mayor nitidez y colorido la obra del frente: hasta se veían revolotear pajaritos en las ramas de los árboles pintados y otros detalles que en la pintura no se alcanzaban a notar.
[3] “Y no pude menos que pensar en todos aquellos a quienes la guerra había seguido matando después de que las armas hubieran cesado de disparar”, dice un personaje de Alessandro Barico en “Esta historia”.

viernes, 13 de marzo de 2009



Una vieja historia

John Jairo Junieles


En otro lugar me esperan
Paul Celan

Esta es una vieja historia.
Mi primer hermano no llegó a nacer
y fue enterrado en el patio,
que es hoy un lugar sagrado.
Luego nací yo.
Mis padres me llamaron como a él,
condenado a saber que cada gesto
y acto mío es inferior a él,
quien hubiera sido capaz de volar,
mientras yo ocupo el espacio suyo,
el aire de sus palabras,
todo eso que me queda grande.
Ya no hay ruidos en el patio,
las gallinas son frutos extraños
en las ramas.
La tarde abre sus venas en el horizonte,
y me trae cosas de otro tiempo.
Cuántas lunas para llegar a mí,
Si cuando miro atrás creo que
no son mías las huellas que he dejado.
Hay alguien morándome, yo sé,
somos dos sombras bajo una estrella
que no es la suya.